No soy ateo. Tengo mis creencias religiosas, como cualquier persona e incluso como el propio Dios, que está muy bien pensar que un hombre sea falto de fe, pero sería un gran colmo imaginar a un Dios que no creyese en sí mismo.
Pero aquí no se trata de Dios, sino de lo que los hombres hacen de su idea. Y en este punto cito siempre cito al prudente Chacho Echenique, que cantaba:
"Me persigno por si acaso / no vaya que Dios exista / y me lleve pa'l infierno / con todas mis ovejitas".
Y también -pero es sólo uno de los tantos ejemplos posibles- cito la oración que pronunció el capellán William B. Downey un 6 de agosto de 1945:
"Oh, Padre Todopoderoso que escuchas las súplicas de los que te aman: te rogamos que ayudes a quienes desafiarán las alturas de tus cielos y llevarán el combate a tierras enemigas. Guárdalos y protégelos mientras cumplen el vuelo que se les ha ordenado. Armalos con tu poder para que puedan poner rápido fin a la guerra y para que conozcamos nuevamente la paz. Hazlos volver sanos y salvos. Esperaremos el porvenir confiando en Tí y colocándonos bajo tu protección ahora y siempre. Amén."
Al rato, la tripulación del avión bendecido, el Enola Gay, dejaba caer sobre Hiroshima la primera bomba atómica utilizada en una guerra, matando de inmediato a por lo menos 75.000 personas. ¿Ninguna de ellas amaría a Dios, que por eso se olvidó de protegerlas? ¿A ninguno de ellos se le ocurrió suplicar por sus propias vidas y las de los suyos durante esa mañana o la noche anterior?
Les dejo entonces el texto del anarquista francés Sébastien Faure que les comenté en clase. Se titula
Doce pruebas de la inexistencia de Dios, y lo pueden leer en línea a través de
este enlace. Recomiendo en especial su cotejo con las
Meditaciones metafísicas de Descartes, en el sentido de ser ambos dos textos positivistas, que llegan sin embargo a conclusiones diferentes.
Finalmente, y como de todo hay en estas viñas del Señor, comparto con ustedes un videíto grabado en México durante la venta de entradas del recital de un cantante adolescente de moda llamado Justin Bieber, espantos peores se han visto en el mundo. Patetismos y perversiones diversas aparte, sea que hablemos del periodista que le planta el micrófono a la niña que aparenta querer morir por no haber conseguido su entrada, o de la niña misma, noten cómo a los 01:45 del video una fanática asegura:
"Hay que confiar en Dios y Dios va a poner más boletos"...
La idea me fascina: la niña espera una suerte de milagro repetido, donde el maná bíblico sea trocado por tickets de un concierto. Evidentemente, Dios funciona más que nada como un símbolo, como una imagen especular de nuestros deseos, como una referencia posible, como un reflejo de lo que somos. Lo cual no implica que Dios en si mismo exista o deje de existir. Si uno lee atentamente el texto de Fauré, notará que él ni siquiera es verdaderamente ateo. En todo caso es escéptico, lo cual no es lo mismo. Faure reacciona ante la pretendida imposición de una idea que él rechaza. Y lo reconoce cuando dice:
"Dejad de afirmar ustedes que entonces yo dejaré de negar."
Todo un concepto, ya no teológico sino comunicacional, en el cual bien vale la pena quedarse pensando un poco.