domingo, abril 29, 2012

Alteridad: ¿reconocimiento del sufrimiento ajeno?

¿Seguirías comiendo las mismas cosas si tuvieras que matar con tus propias manos los animales que consumís como comida?... Este video, con la secuencia inicial de la película Carne, de Gaspar Noé (me interesan sólo los primeros tres minutos), contiene imágenes explícitas, fuertes. Pero, ¿qué es lo que nos perturba? ¿Nos molesta la crudeza de las imágenes, o el hecho mismo de tener que verlas? Porque a la hora de comer un bife, no nos preguntamos demasiado cómo eso ha llegado hasta nuestra mesa. Es que saber algo no es lo mismo que te lo digan. O que te lo muestren. Mejor no hablar de ciertas cosas. Como si el silencio las exorcisara. Un poco sucede esto mismo con todas las cosas.



Por lo general preferimos no ver ciertas cosas. Resulta más cómodo. Aunque a veces tenemos un rapto de lucidez que nos cambia. Hernán Casciari escribió muchos textos que he ido dejando aquí y allá enlazados en este blog. Uno de los que más me gustan es uno titulado Canelones, que podés leer a través del link. Noten que en el relato hay un momento de quiebre, precisamente ese momento en el cual el personaje se da cuenta que del otro lado del teléfono hay ALGUIEN.

Les dejo también este otro texto de Casiari, del cual rescato principalmente una idea puntual: la de que nos conmueve el sufrimiento de un animal que grita al morir, mucho más que el del que muere acaso con el mismo dolor, pero sin proferir sonidos que alteren nuestra conciencia. Y me pregunto si no sucederá esto mismo con la gente: apreciamos el dolor de algunas personas, no el de todas. Y nos conmovemos sólo con las que de algún modo se asemejan más a nosotros mismos.

Somos lo que hacemos con lo que los demás hacen de nosotros...

Como comenté el otro día, ya no se trata solamente de preguntarnos qué somos, sino además de comenzar a pensar quiénes somos y cómo es que llegamos a ser tal cosa. Parte de esta constitución identitaria deriva directamente de aquello que los demás ponen en nosotros, en tanto individuos con cierta autonomía, a través de su juicio crítico, a través de su mirada. Pero otra parte se deriva directamente de aquello que nosotros mismos hacemos, a través del ejercicio de nuestra libertad. Somos quienes decidimos ser y hacer; somos también quienes los demás fijan en nosotros a través de su juicio. "Somos -dice Jean Paul Sartre- aquello que hacemos con lo que los demás hacen de nosotros."

Acaso este videíto pueda resultar revelador de algunas cosas.

miércoles, abril 25, 2012

¿No somos todos un poco Anders Behring Breivik?

Y hasta parece una persona normal... Ni siquiera aparece amordazado y atado como cuando el Dr. Hannibal Lecter asistía a la corte. Anders Behring Breivik incluso asegura que solía ser una persona agradable, aunque hoy haya podido matar a unas setenta personas inocentes sin sentir remordimientos. Y hasta se jacta de haberle salvado la vida a un niño de ocho años que lo miró a los ojos y comenzó a llorar antes de que él bajara su arma y le dijera que no temiese, que no iba a matarlo. Pero lo interesante es lo que él mismo declara respecto de su estrategia de deshumanizar al otro para que esto haya resultado posible. Dice que decidió controlar sus emociones para ejecutar la matanza. Que se prepararó para suprimir sus sentimientos hacia las víctimas, a través de un ejercicio que llevó cinco años, previo a sus atentados.

"Se podría decir que era bastante normal hasta 2006, cuando empecé a prepararme, cuando empecé a renunciar las emociones", declaró Breivik durante su juicio. "Mucha gente me describirá como una persona agradable o simpática, un amigo de los amigos", dijo también. Pero sobre todo añadió esto que sigue, que me parece clave para comprender lo que sucedió, y lo que me lleva a plantear un temible paralelismo de cada uno de nosotros con el asesino: "Llevé a cabo una estrategia de deshumanización hacia aquellos a los que consideraba objetivos válidos hasta el punto de poder matarlos."

Claro, porque sólo se puede matar a aquel que no se reconoce como un igual (salvo que uno sea un suicida en potencia temeroso de quitarse la propia vida, pero no de atentar contra los demás). El resto fue programarse para sentir cosas diferentes de las que solía sentir. Comenzar a ver al otro como un objeto, como algo no humano, carente de entidad. La pregunta, indispensable, es hasta qué punto, ya sea voluntariamente o no, no realizamos todos nosotros, cotidianamente, ejercicios similares, que incluso cuando no lleguen al punto de locura de un Anders Behring Breivik, no dejan tampoco de tener claros puntos de contacto con lo que él ha hecho.

Un par de enlaces: noticia 1 noticia 2

domingo, abril 22, 2012

Material de lectura

Les dejo para descargar el material digitalizado de Milan Kundera que les comenté en clase.

Milan Kundera - La inmortalidad (fragmentos)

viernes, abril 20, 2012

Tener vergüenza...


Dale, animate: contános tu historia, de esa vez que te pasó algo que no pudiste sino decir "tragame, tierra" y te quisiste morir de la vergüenza.

Se trata de que entre todos nos divirtamos un poco, viendo que a todos nos suceden este-tipo-de-cosas. Y en cuanto a la parte académica, resultará por demás evidente que detrás de cada situación en la que se haya planteado un sentimiento de vergüenza, seguramente aparecerá como una constante la mirada, real o potencial, de algún otro, invariablemente presente, juzgando, objetivizando, diciendo o, lo que a veces es peor, callando...

Como nota al margen, pensaba recién que los primeros en sentir vergüenza, al menos según la cosmología cristiana, fueron Adán y Eva, al saberse desnudos. Antes de comer el fruto prohibido del árbol de la sabiduría (el bien y el mal, diferenciados y representados a través de la metáfora del saber), ellos eran inocentes... y desvergonzados. Es la cultura la que hace nacer en ellos (en nosotros) la vergüenza, no al sabernos desnudos, sino al sabernos mirados.

Comentarios sobre el ejercicio en clase... aquí.


El otro te mira, te ve, te juzga... Comentá aquí qué te pasó con la experiencia de que el otro te observe y te describa. ¿Qué sensaciones tuviste en función de esa mirada y esa descripción que tu compañero realizó respecto de tu persona? (Por más que, en rigor, nadie haya escrito nada sobre vos: escribieron sobre lo que vos representabas en ese momento para esa persona, sin que mediara un conocimiento previo. Aunque de todos modos... ¿no es siempre así como sucede?...)

domingo, abril 15, 2012

Material complementario a los textos sobre zen

Daniel Lutzky tiene una teoría: dice que las ideologías nos agradan o desagradan por una cuestión estética. Quiero entonces complementar el tema del zen con un fragmento de Sueños, de Akira Kurosawa, una de las películas más bellas que he tenido ocasión de ver, para ilustrar el tema de las filosofías orientales. El fragmento se titula El jardín de los duraznos. La versión es hablada en japonés y subtitulada en inglés. Servirá para quien entienda algo de inglés (o de japonés), pero también para los demás, no sólo porque es realmente un pasaje fílmico hermoso, sino porque además dice mucho, incluso desde la mera estética, acerca de cómo se piensa en oriente.