Durante un par de cuatrimestres propuse un poema pretendidamente herético escrito por el uruguayo Mario Benedetti para cruzar con las Meditaciones metafísicas de René Descartes, que vosotros habéis de leer para la próxima clase.
El texto de Benedetti en cuestión puede ser leído a través de este link (lo cual significa que la consigna sigue en pie). La idea es imaginar qué sucedería si Dios, en lugar de ser lo que todos y cada uno de nosotros sabe que es (?), fuese -por ejemplo- mujer. O en lugar de uno varios. O si fuese alguna otra cosa, la que a ustedes se les ocurra.
Pero además se me ocurrió, como para completar la cosa, que otro texto que bien podría vincularse con lo mismo es éste que canta aquí debajo el bueno de John Lennon. Que como es tan conocido quizás ni valga la pena que copie su letra y/o la traduzca.
Aguardo vuestros aportes y comentarios.
Espacio on-line de la materia Psicología y Comunicación, Cátedra Lutzky - Facultad de Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Buenos Aires - Comisión a cargo de Germán A. Serain
viernes, agosto 17, 2007
jueves, agosto 16, 2007
Del cuaderno de bitácora (Here we go again...)
A confesión de parte relevo de prueba: tuve que preguntarle a una alumna de otro cuatrimestre si las clases comenzaban esta semana o la otra. Suerte que uno tiene esta clase de contactos dentro de la facultad, porque de lo contrario todo sería más difícil.
Por lo demás, las comparaciones siempre son odiosas. Al menos esto es lo que habitualmente se dice. Aunque si vamos a comparar, debe haber cosas mucho más odiosas que las comparaciones. Pero vamos al punto: lo que quería decir, sin ánimo de establecer comparaciones (que por otra parte serán inevitables), es que disfruté mucho del cuatrimestre anterior, que fue particularmente movilizador, lo cual abre una expectativa especial en lo que respecta a éste.
Entonces, como una especie de cábala, me voy a permitir comenzar esta cursada repitiendo el texto con el cual arranqué el cuatrimestre anterior. Es un texto de George Steiner, del libro "Lecciones de los maestros", y puede tomarse tanto como una bienvenida o como una reflexión acerca de la naturaleza del ejercicio docente.
En todo caso, sé que me arriesgo a que me comparen con otros docentes que, de tener un blog como éste, acaso no repetirían lo dicho en ocasiones pasadas. En fin, ya se sabe: las comparaciones son odiosas... pero inevitables.
“¿Qué es lo que le confiere a un hombre el poder para enseñar a otro ser humano? ¿Dónde está la fuente de su autoridad? Por otra parte, ¿cuáles son los principales tipos de respuesta de los educados? Estas cuestiones desconcertaron a San Agustín y aparecen con toda su crudeza en el clima libertario de nuestra época."
“Simplificando, podemos distinguir tres escenarios principales o estructuras de relación. Hay Maestros que han destruido a sus discípulos psicológicamente y, en algunos raros casos, físicamente. Han quebrantado sus espíritus, han consumido sus esperanzas, se han aprovechado de su dependencia y de su individualidad. El ámbito tiene sus vampiros. Como contrapunto, ha habido discípulos, pupilos y aprendices que han tergiversado, traicionado y destruido a sus Maestros. Una vez más, este drama posee atributos tanto mentales como físicos. Recién elegido rector, Wagner triunfante desdeñará al moribundo Fausto, antaño su magíster. La tercera categoría es la del intercambio: el eros de la mutua confianza e incluso el amor (es el caso del discípulo amado de la Ultima Cena). En un proceso de interrelación, de ósmosis, el Maestro aprende de su discípulo cuando le enseña. La intensidad del diálogo genera amistad en el sentido más elevado de la palabra.” (…)
“Evidentemente, las artes y los actos de enseñanza son, en el sentido propio de este término, tan denostado, dialécticos. El Maestro aprende del discípulo y es modificado por esta interrelación en lo que se convierte, idealmente, en un proceso de intercambio. La donación se torna recíproca.”
Por lo demás, las comparaciones siempre son odiosas. Al menos esto es lo que habitualmente se dice. Aunque si vamos a comparar, debe haber cosas mucho más odiosas que las comparaciones. Pero vamos al punto: lo que quería decir, sin ánimo de establecer comparaciones (que por otra parte serán inevitables), es que disfruté mucho del cuatrimestre anterior, que fue particularmente movilizador, lo cual abre una expectativa especial en lo que respecta a éste.
Entonces, como una especie de cábala, me voy a permitir comenzar esta cursada repitiendo el texto con el cual arranqué el cuatrimestre anterior. Es un texto de George Steiner, del libro "Lecciones de los maestros", y puede tomarse tanto como una bienvenida o como una reflexión acerca de la naturaleza del ejercicio docente.
En todo caso, sé que me arriesgo a que me comparen con otros docentes que, de tener un blog como éste, acaso no repetirían lo dicho en ocasiones pasadas. En fin, ya se sabe: las comparaciones son odiosas... pero inevitables.
“¿Qué es lo que le confiere a un hombre el poder para enseñar a otro ser humano? ¿Dónde está la fuente de su autoridad? Por otra parte, ¿cuáles son los principales tipos de respuesta de los educados? Estas cuestiones desconcertaron a San Agustín y aparecen con toda su crudeza en el clima libertario de nuestra época."
“Simplificando, podemos distinguir tres escenarios principales o estructuras de relación. Hay Maestros que han destruido a sus discípulos psicológicamente y, en algunos raros casos, físicamente. Han quebrantado sus espíritus, han consumido sus esperanzas, se han aprovechado de su dependencia y de su individualidad. El ámbito tiene sus vampiros. Como contrapunto, ha habido discípulos, pupilos y aprendices que han tergiversado, traicionado y destruido a sus Maestros. Una vez más, este drama posee atributos tanto mentales como físicos. Recién elegido rector, Wagner triunfante desdeñará al moribundo Fausto, antaño su magíster. La tercera categoría es la del intercambio: el eros de la mutua confianza e incluso el amor (es el caso del discípulo amado de la Ultima Cena). En un proceso de interrelación, de ósmosis, el Maestro aprende de su discípulo cuando le enseña. La intensidad del diálogo genera amistad en el sentido más elevado de la palabra.” (…)
“Evidentemente, las artes y los actos de enseñanza son, en el sentido propio de este término, tan denostado, dialécticos. El Maestro aprende del discípulo y es modificado por esta interrelación en lo que se convierte, idealmente, en un proceso de intercambio. La donación se torna recíproca.”
lunes, agosto 06, 2007
Escribe Andrea Gentil en www.saludyciencias.com.ar:
El placebo tiene una historia tan larga como los primeros estudios sobre el ser humano, sus enfermedades y sus curas. El térmico placebo proviene del latín, de un vocablo que significa satisfacer, y alude a aquello que se aplica a las personas hipocondriacas (las que están convencidas de tener alguna enfermedad) como un remedio inofensivo. Hoy día los placebos se utilizan en pruebas de laboratorio en las cuales se testean los efectos de fármacos nuevos, antes de que los mismos salgan al mercado.
A ciertos enfermos se les administra una sustancia inerte para descubrir el efecto psicológico que puede reportar ingerir una pastilla y compararlo con el efecto biomédico del nuevo fármaco. Durante las pruebas, ni el voluntario que recibe el fármaco ni quien administra la droga saben si la dosis dada contiene el medicamento verdadero o el placebo. Eso sale a la luz recién cuando las pruebas finalizan. La idea es evitar que el científico pueda dar pistas al paciente sobre si está o no recibiendo un tratamiento real.
Los ensayos clínicos a ciegas muestran una mejoría de entre el 25% y el 75% de los enfermos gracias al efecto placebo. Las enfermedades que en mayor medida se benefician de esta medicina imaginaria son el dolor crónico, la hipertensión, la angina de pecho, la depresión, la úlcera, el asma, la artritis y la migraña. Todas poseen un evidente componente psicosomático: una conexión entre la mente y el cuerpo. Hay quienes agregan a esta lista el cáncer y enfermedades cardíacas.
Howard Brody, investigador de la Michigan State University, define el placebo como una farmacia del cuerpo. "Dentro nuestro existen sustancias químicas curativas. Si logramos aprender a pulsar los botones correctos y manejar las señales procedentes de nuestro entorno, estas vías químicas se activan."
Un estudio científico, realizado con un grupo de chicos venezolanos asmáticos demostró la eficacia del placebo. Cada vez que los niños usaban un inhalador antialérgico se los exponía a un fuerte olor a vainilla. A las dos semanas, ya sólo se les administraba el aroma, pero la capacidad pulmonar de todos los nenes mejoró como si hubieran usado el inhalador auténtico.
Irving Kirsh, profesor de Psicología de la Universidad de Connecticut, evaluó 19 pruebas clínicas de antidepresivos y llegó a la conclusión de que en el 75% de los casos la mejoría de los síntomas se debía a que los pacientes creían que así ocurriría. Conclusiones similares obtuvo con ensayos clínicos de fármacos similares al Prozac.
Desde hace mucho tiempo en el campo de la cirugía existe la sospecha de que ciertos métodos deben su éxito al efecto placebo. Durante los años '50 la ligadura de las arterias mamarias era una técnica habitual para tratar la angina de pecho. Implicaba el bloqueo de dos arterias en un intento por mejorar un riego sanguíneo alternativo al corazón. Fue entonces cuando Leigh Cobb realizó -durante un experimento en la ciudad de Seattle- una incisión en el tórax de un paciente, pero sin hacerle nada más. Descubrió que la operación ficticia tuvo tanto éxito como la ligadura de arterias mamarias.
Aunque también existe lo que los expertos llaman "efecto nocebo", con sus resultados nefastamente contrarios. Un ejemplo: una mujer, en un hospital de los Estados Unidos, escuchó a su médico hablar de un caso terminal y creyó que se refería a ella. A pesar de todos los intentos por convencerla de lo contrario, falleció ese mismo día.
Quienes estudian el efecto placebo creen que uno de los mecanismos clave por los cuales el cuerpo mismo, la química interna de una persona, logra curar sin tratamiento verdadero, es la expectativa que genera. The Lancet, revista médica de gran prestigio, relata: "Un paciente que recibió 25 gotas de láudano, pensando que era un purgante, se vio importunado toda la noche por una constante evacuación del abdomen (el láudano contiene opio y, por lo general, provoca estreñimiento, no diarreas)."
Pero el placebo hace mucho más que aliviar el dolor. Parece afectar al nivel de estrés, reduce la presión sanguínea y la hiperacidez, combate el exceso de azúcar en los diabéticos, descongestiona los bronquios, y hay quienes aseguran que reduce el tamaño de un tumor. El cuerpo reacciona llevando a la realidad los resultados esperables, algo así como una respuesta condicionada, que es otra de las explicaciones posibles al placebo.
El placebo tiene una historia tan larga como los primeros estudios sobre el ser humano, sus enfermedades y sus curas. El térmico placebo proviene del latín, de un vocablo que significa satisfacer, y alude a aquello que se aplica a las personas hipocondriacas (las que están convencidas de tener alguna enfermedad) como un remedio inofensivo. Hoy día los placebos se utilizan en pruebas de laboratorio en las cuales se testean los efectos de fármacos nuevos, antes de que los mismos salgan al mercado.
A ciertos enfermos se les administra una sustancia inerte para descubrir el efecto psicológico que puede reportar ingerir una pastilla y compararlo con el efecto biomédico del nuevo fármaco. Durante las pruebas, ni el voluntario que recibe el fármaco ni quien administra la droga saben si la dosis dada contiene el medicamento verdadero o el placebo. Eso sale a la luz recién cuando las pruebas finalizan. La idea es evitar que el científico pueda dar pistas al paciente sobre si está o no recibiendo un tratamiento real.
Los ensayos clínicos a ciegas muestran una mejoría de entre el 25% y el 75% de los enfermos gracias al efecto placebo. Las enfermedades que en mayor medida se benefician de esta medicina imaginaria son el dolor crónico, la hipertensión, la angina de pecho, la depresión, la úlcera, el asma, la artritis y la migraña. Todas poseen un evidente componente psicosomático: una conexión entre la mente y el cuerpo. Hay quienes agregan a esta lista el cáncer y enfermedades cardíacas.
Howard Brody, investigador de la Michigan State University, define el placebo como una farmacia del cuerpo. "Dentro nuestro existen sustancias químicas curativas. Si logramos aprender a pulsar los botones correctos y manejar las señales procedentes de nuestro entorno, estas vías químicas se activan."
Un estudio científico, realizado con un grupo de chicos venezolanos asmáticos demostró la eficacia del placebo. Cada vez que los niños usaban un inhalador antialérgico se los exponía a un fuerte olor a vainilla. A las dos semanas, ya sólo se les administraba el aroma, pero la capacidad pulmonar de todos los nenes mejoró como si hubieran usado el inhalador auténtico.
Irving Kirsh, profesor de Psicología de la Universidad de Connecticut, evaluó 19 pruebas clínicas de antidepresivos y llegó a la conclusión de que en el 75% de los casos la mejoría de los síntomas se debía a que los pacientes creían que así ocurriría. Conclusiones similares obtuvo con ensayos clínicos de fármacos similares al Prozac.
Desde hace mucho tiempo en el campo de la cirugía existe la sospecha de que ciertos métodos deben su éxito al efecto placebo. Durante los años '50 la ligadura de las arterias mamarias era una técnica habitual para tratar la angina de pecho. Implicaba el bloqueo de dos arterias en un intento por mejorar un riego sanguíneo alternativo al corazón. Fue entonces cuando Leigh Cobb realizó -durante un experimento en la ciudad de Seattle- una incisión en el tórax de un paciente, pero sin hacerle nada más. Descubrió que la operación ficticia tuvo tanto éxito como la ligadura de arterias mamarias.
Aunque también existe lo que los expertos llaman "efecto nocebo", con sus resultados nefastamente contrarios. Un ejemplo: una mujer, en un hospital de los Estados Unidos, escuchó a su médico hablar de un caso terminal y creyó que se refería a ella. A pesar de todos los intentos por convencerla de lo contrario, falleció ese mismo día.
Quienes estudian el efecto placebo creen que uno de los mecanismos clave por los cuales el cuerpo mismo, la química interna de una persona, logra curar sin tratamiento verdadero, es la expectativa que genera. The Lancet, revista médica de gran prestigio, relata: "Un paciente que recibió 25 gotas de láudano, pensando que era un purgante, se vio importunado toda la noche por una constante evacuación del abdomen (el láudano contiene opio y, por lo general, provoca estreñimiento, no diarreas)."
Pero el placebo hace mucho más que aliviar el dolor. Parece afectar al nivel de estrés, reduce la presión sanguínea y la hiperacidez, combate el exceso de azúcar en los diabéticos, descongestiona los bronquios, y hay quienes aseguran que reduce el tamaño de un tumor. El cuerpo reacciona llevando a la realidad los resultados esperables, algo así como una respuesta condicionada, que es otra de las explicaciones posibles al placebo.
miércoles, agosto 01, 2007
Ficción, realidad, violencia, turismo
Un artículo si se quiere ingenuo aparecido en el portal Infobae, acerca de los motivos por los cuales a la gente gusta de ver películas de terror, es el puntapie inicial para una serie de relaciones acerca del gusto-disgusto, placer-displacer, amor-odio.
Por empezar, ya no hablamos de ese cine de terror (léase suspenso) al cual aludía Hitchcock cuando decía que no debe mostrarse el estallido de una bomba, sino la bomba debajo de la mesa, y a los comensales comiendo ajenos al drama que está por suceder. Hoy el cine no es de suspenso, sino de espanto, y no importa la bomba, sino la sangre y las mutilaciones que -efectos especiales mediante- puedan reproducirse y mostrarse.
El artículo de Infobae dice que la gente puede sentir emociones negativas y positivas al mismo tiempo y que por eso puede disfrutar de ser asustado. Otros ejemplos de lo mismo: subirse a la montaña rusa, tomar jugo de limón en ayunas, las distintas formas imaginables del masoquismo -pegame y decime marta-, casarse y tener hijos, presenciar una ejecución en directo.
Lo del matrimonio es, por supuesto, casi una broma, pero la verdad es que hay innumerables relaciones patológicas que se sostienen en una extraña lógica que hace coincidir, en un mismo lugar y tiempo, la necesidad de un otro (individual o social) que representa una relación idílica y deseable a la vez que una pesadilla.
Y en cuanto a lo de las ejecuciones, tanto podemos pensar en los linchamientos que han tenido lugar a lo largo de toda la historia del hombre como en un concepto más moderno como el del cine snuff. ¿Será éste el límite mediático que resta romper para violentar nuestros adormecidos sentidos? Hablamos de una droga: cada vez necesitamos estímulos más fuertes para conmovernos. Ya no alcanza con la sugerencia de una bomba debajo de la mesa: necesitamos verla estallar, y luego el detalle de sus efectos. Pero hay quienes ya no se conforman con ficciones y necesitan la toma de video que refleje lo real. He aquí el sueño de todo productor de un reality show: que alguien muera en cámara. Si es en medio de una escena violenta, mejor. Sin embargo, esta no es una cuestión nueva, ni exclusivamente mediática. ¿Por qué razón una persona asistiría a una ejecución pública, por ejemplo? En ocasiones puede que se lo obligue, como un modo de escarmiento. Pero por otro lado opera el morbo.

Otra faceta más de lo mismo: en un artículo de la revista Parabólica, Marcelo Expósito habla del turismo de guerra. "La guerra es también un destino turístico. Una de las atracciones turísticas más populares es, en efecto, el campo de batalla en el cual la guerra ha sido luchada. Los lugares solemnes de la guerra parecen incongruentes con el presumible deseo turístico de dejarse llevar por placeres y divertimentos despreocupados. Pero estos lugares son una llamada a otro deseo: el deseo por lo extremo, que está unido a la fascinación por el heroísmo. El campo de batalla es un lugar altamente dramático, ideológicamente codificado y sacralizado por la sangre vertida. Los campos de batalla son fuertes atracciones turísticas en tanto que alimentan directamente el deseo del turista por el aura, una cualidad profundamente ausente en nuestro mundo mediatizado; un aura que, según se cree, puede ser encontrada en los espacios del pasado cultural. Un lugar donde un soldado murió por una causa será visitado sin duda por otras personas."
Pero no se trata sólo de visitar lugares históricos: las compañías turísticas organizan tours por los lugares más calientes y peligrosos del planeta, y se editan guías con consejos especiales para esta clase de viajeros. Se diría, en resumen, que es evidente que el horror nos atrae, en mayor o menor medida. Está muy bien eso de la ficción, pero no nos hemos limitado sólo a ella, ni mucho menos. ¿Será acaso un modo de distraernos de nuestra propia e insoportable fragilidad? ¿O será un modo de ceguera que todavía no hemos alcanzado a superar en nuestra precaria evolución animal?
Por empezar, ya no hablamos de ese cine de terror (léase suspenso) al cual aludía Hitchcock cuando decía que no debe mostrarse el estallido de una bomba, sino la bomba debajo de la mesa, y a los comensales comiendo ajenos al drama que está por suceder. Hoy el cine no es de suspenso, sino de espanto, y no importa la bomba, sino la sangre y las mutilaciones que -efectos especiales mediante- puedan reproducirse y mostrarse.El artículo de Infobae dice que la gente puede sentir emociones negativas y positivas al mismo tiempo y que por eso puede disfrutar de ser asustado. Otros ejemplos de lo mismo: subirse a la montaña rusa, tomar jugo de limón en ayunas, las distintas formas imaginables del masoquismo -pegame y decime marta-, casarse y tener hijos, presenciar una ejecución en directo.
Lo del matrimonio es, por supuesto, casi una broma, pero la verdad es que hay innumerables relaciones patológicas que se sostienen en una extraña lógica que hace coincidir, en un mismo lugar y tiempo, la necesidad de un otro (individual o social) que representa una relación idílica y deseable a la vez que una pesadilla.
Y en cuanto a lo de las ejecuciones, tanto podemos pensar en los linchamientos que han tenido lugar a lo largo de toda la historia del hombre como en un concepto más moderno como el del cine snuff. ¿Será éste el límite mediático que resta romper para violentar nuestros adormecidos sentidos? Hablamos de una droga: cada vez necesitamos estímulos más fuertes para conmovernos. Ya no alcanza con la sugerencia de una bomba debajo de la mesa: necesitamos verla estallar, y luego el detalle de sus efectos. Pero hay quienes ya no se conforman con ficciones y necesitan la toma de video que refleje lo real. He aquí el sueño de todo productor de un reality show: que alguien muera en cámara. Si es en medio de una escena violenta, mejor. Sin embargo, esta no es una cuestión nueva, ni exclusivamente mediática. ¿Por qué razón una persona asistiría a una ejecución pública, por ejemplo? En ocasiones puede que se lo obligue, como un modo de escarmiento. Pero por otro lado opera el morbo.

Otra faceta más de lo mismo: en un artículo de la revista Parabólica, Marcelo Expósito habla del turismo de guerra. "La guerra es también un destino turístico. Una de las atracciones turísticas más populares es, en efecto, el campo de batalla en el cual la guerra ha sido luchada. Los lugares solemnes de la guerra parecen incongruentes con el presumible deseo turístico de dejarse llevar por placeres y divertimentos despreocupados. Pero estos lugares son una llamada a otro deseo: el deseo por lo extremo, que está unido a la fascinación por el heroísmo. El campo de batalla es un lugar altamente dramático, ideológicamente codificado y sacralizado por la sangre vertida. Los campos de batalla son fuertes atracciones turísticas en tanto que alimentan directamente el deseo del turista por el aura, una cualidad profundamente ausente en nuestro mundo mediatizado; un aura que, según se cree, puede ser encontrada en los espacios del pasado cultural. Un lugar donde un soldado murió por una causa será visitado sin duda por otras personas."
Pero no se trata sólo de visitar lugares históricos: las compañías turísticas organizan tours por los lugares más calientes y peligrosos del planeta, y se editan guías con consejos especiales para esta clase de viajeros. Se diría, en resumen, que es evidente que el horror nos atrae, en mayor o menor medida. Está muy bien eso de la ficción, pero no nos hemos limitado sólo a ella, ni mucho menos. ¿Será acaso un modo de distraernos de nuestra propia e insoportable fragilidad? ¿O será un modo de ceguera que todavía no hemos alcanzado a superar en nuestra precaria evolución animal?
viernes, julio 27, 2007
Links, redes y tranvías
En vacaciones me pasa algo con este blog. Me dan ganas de escribir, pero no sé bien qué. Tampoco sé muy bien quién está del otro lado. Esto me demuestra, entre otras cosas, que el blog por sí solo, al menos éste, sin la presencia de los alumnos no es lo mismo. Claro que presencia virtual también es presencia, al menos hasta cierto punto. Quiero decir que habiendo establecido un vínculo, en ocasiones ese vínculo se mantiene, incluso in ausentia de un contacto presencial.
Como sea, y ya que de vínculos hablamos, el punto es que con esto de internet y la cuestión de las redes, sucede a veces que un vínculo nos lleva a otro, y este otro a otro más, con lo cual se constituyen verdaderas comunidades virtuales. Y de vez en cuando uno se encuentra con cosas que vale la pena compartir, incluso fuera de todo temario, y qué mejor momento que las vacaciones para hacerlo.
Cuenta mi mamá que cuando ella era chica viajaba en tranvía. Algunas calles de Buenos Aires conservan, todavía, en sus calles, rieles de aquellos tiempos. Más tarde quitaron los tranvías, por obsoletos, dijeron. Y más tarde alguien dijo que en realidad el tranvía era uno de los mejores medios de transporte posibles para las grandes ciudades, y propuso su reinstalación. Así apareció el PreMetro primero, y ahora un flamante tranvía en Puerto Madero.
Así las cosas. Quería publicar una entrada y en estos vínculos de ideas encontré la excusa perfecta. Y este vínculo con la maravillosa idea de un tranvía inmóvil, magnífica ironía que los invito a leer.
Nos estamos viendo.
Como sea, y ya que de vínculos hablamos, el punto es que con esto de internet y la cuestión de las redes, sucede a veces que un vínculo nos lleva a otro, y este otro a otro más, con lo cual se constituyen verdaderas comunidades virtuales. Y de vez en cuando uno se encuentra con cosas que vale la pena compartir, incluso fuera de todo temario, y qué mejor momento que las vacaciones para hacerlo.
Cuenta mi mamá que cuando ella era chica viajaba en tranvía. Algunas calles de Buenos Aires conservan, todavía, en sus calles, rieles de aquellos tiempos. Más tarde quitaron los tranvías, por obsoletos, dijeron. Y más tarde alguien dijo que en realidad el tranvía era uno de los mejores medios de transporte posibles para las grandes ciudades, y propuso su reinstalación. Así apareció el PreMetro primero, y ahora un flamante tranvía en Puerto Madero.
Así las cosas. Quería publicar una entrada y en estos vínculos de ideas encontré la excusa perfecta. Y este vínculo con la maravillosa idea de un tranvía inmóvil, magnífica ironía que los invito a leer.
Nos estamos viendo.
sábado, julio 21, 2007
domingo, julio 08, 2007
Finales, firma de libretas, devolución de parciales
Las mesas de final de la materia son el lunes 16 y lunes 23 de julio, en ambos casos a partir de las 17:00. Confirmo mi presencia para ambas fechas. Quienes deban rendir final, lleven su primer parcial corregido a la mesa. En las mismas dos fechas se estará haciendo devolución de los segundos parciales y firma de libretas.
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