¿Está bien escribir una entrada relativa al Domingo de Pascua en el blog de la Facultad? Me digo primero que no, pero después cambio de idea y me respondo que sí, porque además, si el jueves no hubo clases, fue después de todo y precisamente debido a la celebración de las fiestas pascuales.¿Y qué es lo que deseo escribir acerca de la Pascua? Una oración. La transcripción de una oración, en realidad, que lo había prometido en el práctico pasado, por añadidura, y si no lo escribo en el blog corro el riesgo de olvidarme. Y cosas hay que no deberían ser olvidadas.
Esta oración en cuestión fue pronunciada en la madrugada de un 6 de agosto de 1945 por un pastor luterano llamado William B. Downey, según consigna Tomás Eloy Martínez en su libro "Lugar común: la muerte". El tal Downey era capellán del ejército de los EE.UU., y su oración decía así: "Oh, Padre Todopoderoso que escuchas las súplicas de los que te aman: te rogamos que ayudes a quienes desafiarán las alturas de tus cielos y llevarán el combate a tierras enemigas. Guárdalos y protégelos mientras cumplen el vuelo que se les ha ordenado. Armalos con tu poder para que puedan poner rápido fin a la guerra y para que conozcamos nuevamente la paz. Hazlos volver sanos y salvos. Esperaremos el porvenir confiando en Tí y colocándonos bajo tu protección ahora y siempre. Amén."
Horas más tarde, la tripulación del avión bendecido, el Enola Gay, dejaba caer sobre la ciudad de Hiroshima la primera bomba atómica utilizada en una guerra. Al menos 75.000 personas murieron de inmediato. Más de 163.000 seres humanos más quedaron seriamente heridos. Los bosques de Onagacho y Futabano-sato, ubicados a tres kilómetros del epicentro, se perdieron por completo. Unos 63.000 edificios, incluidas viviendas, hospitales y escuelas, fueron arrasados, ya sea por el fuego o por el vendaval atómico.
¿Es que ninguna de entre las miles de víctimas de Hiroshima amaba a Dios, que por ese motivo se olvidó de proteger a toda esa gente? ¿Acaso sucedió que a ninguno de ellos se le ocurrió suplicar por sus vidas y las de los suyos esa mañana o durante la noche anterior? ¿Será una blasfemia realizar este señalamiento precisamente un Domingo de Pascua? ¿O blasfemia fue la pronunciada por el pastor Downey, al pedir protección para quienes iban a arrasar la ciudad nipona?
Una vez más debe quedar en claro que no estamos hablando aquí de Dios, sino de las representaciones y los usos, tantas veces nefastos, que de Dios hacen los hombres. Los de un bando y los del otro. Los acusados de blasfemia, por señalar cómo en nombre de Dios se derrama sangre en vano. Y los verdaderos blasfemos, que derraman la sangre, invocando en vano cuestiones divinas.
