lunes, mayo 02, 2011

Adiós, Don Ernesto


Cada hora del hombre es un lugar vivo de nuestra existencia que ocurre una sola vez, irremplazable para siempre. Aquí reside la tensión de la vida, su grandeza, la posibilidad de que la inasible fugacidad del tiempo se colme de instantes absolutos, de modo que, al mirar hacia atrás, el largo trayecto se nos aparece como el desgranarse de días sagrados, inscriptos en tiempos o en épocas diferentes.

Comienzo el día y me espanto al escuchar hablar por todas partes de Gran Hermano, en lugar de encontrar pesar por la muerte de Don Ernesto Sábato, este sábado, a la edad de 99 años. Se me ocurre que una cultura que se preciara de tener un mínimo de dignidad hubiese debido guardar un respetuoso luto, cancelando tanta frivolidad televisiva. Por supuesto, es una idea estúpida.

La vida sigue. Pero la muerte de alguien como Sábato (la muerte de cualquier persona, en realidad) nos enseña esto: que tenemos que aprender mucho para comenzar a comprender cabalmente qué cosa sea realmente la vida. Lo paradójico es que mientras tanto la vida se nos escurre como agua entre los dedos.

Es mejor comprar sus libros. Pero para quienes quieran asomarse a la obra de Don Ernesto, puede hacerlo en pdf a través de este vínculo. Vale la pena.

1 comentario:

Carolina dijo...

De acuerdo con vos profe! era un gran profeta de la vida, tuve oportunidad de leer algunos textos de el desde el secundario y tengo parte de su bibliografía. Adiós Don Ernesto!